ARROZ CON MANGO

Primero es una simple gota amarilla de color entre el follaje. Luego, la fiesta impensada del aroma. Por último, la boca derritiéndose ante el sabor. Y así pretendo que sea mi página: fruta común que todo el mundo pueda saborear.

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28/12/2005

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Miércoles, 28 de Diciembre de 2005 12:27 No hay comentarios. Comentar.

29/12/2005

LAS FLORES QUE NO SE VENDEN

20051231024704-flores1.jpgAQUELLA mujer no era una simple merolica. Parada en la esquina de la shoping miraba para todas partes mientras ofrecía su producto. Más bien parecía un ama de casa escapada de su aburrido reinado de ollas y calderos.
¿A cómo son?, pregunté mirando las hermosas orquídeas que reposaban en su caja. A Peso, respondió. Y yo, mordido muchas veces por esa picaresca de vendedores callejeros que convierten, a ex profeso, en eufemismo la divisa al hablar de la moneda nacional, rectifiqué: ¿A dólar? A lo que la mujer negó con la cabeza.
Le solicité entonces que me aguantara una jaba que yo traía mientras escogía las flores. Y cuando le pedí que me devolviera la bolsa para pagarle, con ojos desconfiados, se negó y me dijo: Primero, págueme. Yo la miré sin entender y ella reafirmó lo que comenzaba a sospechar: Hasta que usted no me de el dinero no se la entrego.
Aquel acto me transmutó en el mitológico dragón de las siete cabezas. Comencé a ponerme rojo de la vergüenza y eché fuego por la lengua. Le dije que se había equivocado de personaje y, devolviendo las flores al cajón, tomé mi jaba y, ofendido, me marché.
Confieso que tuve que sentarme en el parque a coger aire. No había otra lectura. La mujer me había visto cara de ladrón. ¡Y ladrón de flores nada menos!
Pero como era 31 de diciembre me dije que alguna explicación lógica tenía que haber tras aquella extraña actitud. Pensé entonces: ¡Qué necesidad habrá tenido la señora que, en lugar de estar preparando el mojo para el puerco de fin de año, estaba allí, asustada como un curiel, ofreciendo, estoy casi seguro que con dolor, el fruto de su mata más querida, a un precio risible que confirmaba mi tesis de que no era de esas despiadadas vendedoras que pululan por ahí!
Tal vez era el resultado de las veces que la pobre había sido timada por esos Yarinis callejeros, o a saber las historias que le hicieron sobre las trifulcas y las triquimañas, que, unos a otros, se hacen por robarse el cliente.
Acabé por aceptar que el culpable había sido yo. Decididamente, esa mañana, al pararme frente al espejo de mi cuarto, no había escogido mi mejor cara para salir a la calle.
Tomé así una decisión. Regresar a aquella esquina, comprarle todas las orquídeas y, luego, regalárselas para que regresara a su casa y las pusiera en un búcaro como buen augurio para el nuevo año. Sin embargo, cuando llegué, ya ella no estaba. O las había vendido todas o, asustada, por mi desplante, regresó, como una exhalación, a su humilde reinado.
Y, ahora, que comenzamos una vida nueva, porque cada almanaque es como si volviéramos a nacer, decidí contar esta historia que puede ser un aldabonazo contra actitudes que laceren o marchiten esa fraternidad que, como buenos cubanos, siempre nos ha distinguido. Nada en el mundo puede hacernos cambiar porque el valor de la moneda, en las bolsas, varía constantemente, pero un buen corazón no tiene precio.
Con razón decía Sófocles, desde los antiguos tiempos griegos, que el que es bueno en familia, es también buen ciudadano. De ahí mis votos porque el nuevo año sea una convocatoria íntima a fortalecer los sentimientos más nobles en el seno familiar, de manera que, luego, ellos irradien, desde nuestras actitudes sociales, y toquen a otras personas, y pongan luz donde haya oscuridad, y pongan el abrazo donde reine el desamor.
Todos tenemos que proponernos ser mejores ciudadanos. La SOLIDARIDAD tiene que volver a encendernos como faroles festivos que, en guirnalda sobre nuestra querida Isla, nos conviertan en un trasatlántico de lujo.
No ese lujo fatuo que rutila desde una cadena del golfield, desde un auto de turismo o un diente de oro. Sino ese otro auténtico fulgor que nace de la modestia y la humildad como únicas prendas, las que adornaron, antaño, a nuestros bohíos y a nuestras abuelas cuando regaban sus matas, mientras las frágiles alas lilas de sus orquídeas revoloteaban, desde el verde, para decirnos que el perfume del amor propio no se vende.
Jueves, 29 de Diciembre de 2005 04:31 Autor: cubamango. ;?> No hay comentarios. Comentar.

30/12/2005

LA DIFERENCIA

La diferencia entre postmodernidad y eternidad está en que la primera es mierda.

Viernes, 30 de Diciembre de 2005 15:04 Autor: cubamango. ;?> No hay comentarios. Comentar.

31/12/2005

“YO VESTÍ A JORGE NEGRETE”

20051231023642-corrales1.jpg·        A Razón de sus ochenta años, el fotógrafo cubano Raúl Corrales afirma haber sido ballet del divo mexicano antes de dedicarse a colocar su corazón en el lente
“Tenía yo amistad con la famosa Blanquita Amaro y su esposo Osvaldo Villegas, quien se encargó de la visita de Jorge Negrete a Cuba en el año 1944, invitado por Radio Cadena Azul.
“Villegas me pide entonces que le sirva a Negrete de ballet y yo acepto. Cuando me presentan al cantante mexicano él no pone objeción y, a partir de ahí, no solo fui el encargado de su vestuario, sino también su confidente y amigo.”
Eso me confesó hace unos años, uno de los más grandes de la fotografía cubana, mientras le hacía una entrevista de rutina y él no era, entonces, el asediado personaje de estos homenajes a todo lo largo y ancho del país por su cumpleaños 80.
De manera que, de inmediato y ante el hallazgo de una historia insólita, tiré a un lado el cuestionario, y enfoqué mi lente hacia esa otra anécdota que defocaba, en alguna medida, su imagen de arriesgado fotoreportero que participó, incluso, como corresponsal de guerra durante la invasión mercenaria a Bahía de Cochinos, conocida como la Batalla de Playa Girón.
Su acostumbrado aire taciturno se desperezó y dio paso a un diálogo donde llegó a ripostarme: “Ven acá, chico, ¿esta es una entrevista a Jorge o a mi?”
“Era un tipo muy elegante y muy macho. Pero no un hombre bonitillo, sino de carácter, de conflexión fuerte y de voz muy atrayente, como se ve en sus películas. Por eso fue tan asediado por las mujeres. La ropa de mariachi solo la usaba en el escenario y era muy selectivo a la hora de escoger un traje.
“Recuerdo que en esos años pasó un ciclón por Cuba y Jorge, que estaba en Puerto Rico, al enterarse de la tragedia tomó un avión y vino para acá. Enseguida programó unos conciertos benéficos y, en esa ocasión, su club cubano de fans le regaló un traje que, en lugar de un águila mexicana en la espalda, tenía el escudo cubano bordado en hilo de plata. Al él le encantó y se lo puso al instante.”
—¿Tipo caprichoso para el vestir, difícil de complacer?
“No. Solo había que conocer sus gustos. Él salía del baño y ya yo le tenía la ropa lista. Yo conocía muy bien las combinaciones de colores que más le gustaban y eso facilitaba mi labor.”
—¿Tenía preferencia por algún color?
“Le fascinaban las corbatas rojas.”
Toda abuela cubana suspiró, más de una vez, por Jorge Negrete. Y más de una soñó estar en sus brazos. Se cuenta muchas historias, unas ciertas y otras falsas. Las más osadas hablan de secuestros callejeros y portañuelas rotas…
“Era un hombre terriblemente asediado por las mujeres. Muchas veces le serví de correo amoroso. Tú no puedes imaginarte, por un momento, lo popular que fue. La primera vez que vino se hospedó en el Nacional —que después nunca más quiso porque un hermano suyo cogió pulmonía en ese hotel—. Desde allí, por todo Malecón hasta el hoy Gran Teatro de La Habana, entonces Teatro Nacional, hubo filas interminables de mujeres que, a su paso, le gritaban piropos y le tiraban flores.
“Después, en uno de sus viajes,  salió en auto del hotel Sevilla —donde luego se hospedó siempre— y me pidió caminar unas cuadras antes de llegar al teatro. ¡Imagínate la calle de San Rafael llena de mujeres que andaban de compras! No dio ni diez pasos. Lo identificaron al instante y aquello fue pólvora. Tuvo que echar, como se dice, un patín con una turba femenina detrás. Lo que le salvó fue que la puerta trasera del teatro estaba abierta. ¡Si no…!”
—¿Romántico?
“¿Quién no lo iba a ser con una mujer tan hermosa como Gloria Marín? Por cierto, era tan celos que, en el momento menos pensado, retomaba un avión y se le aparecía en la misma puerta de la habitación del hotel y le preguntaba: ¿Con quién estás ahí dentro?”
—¿Eso le gustaba lo le molestaba a Negrete?
“¡Le ponía el hígado a la vinagreta, pero, imagínate, él era un peligro permanente para cualquier mujer…!”
—¿Pesado, engreído?
“No, jodedor. Él tuvo instrucción militar. Pasó una academia durante la Segunda Guerra mundial y fue capitán del ejército mexicano. Durante uno de los pases que le daban, él y un amigo, se encontraron, en plena ciudad, a una muchacha hermosísima y comenzaron a seguirla. Y resulta que era una ‘gata’, como se le llama en México a las domésticas, que trabajaba en casa de un profesor de música.
“Al ellos irrumpir en la sala, sin más ni más, les salió el profesor y preguntó qué buscaban. Inmediatamente, para disimular, dijeron que querían probarse la voz. El hombre comenzó a hacerles ejercicios vocales y, al final, dijo: Usted no sirve para el canto —defiriéndose a su amigo y, luego, miró a Jorge—. Pero usted puede llegar a ser un gran cantante si se lo propone. Y así le descubrieron por puro azar.”
—¿Qué hacía el galán al salir del teatro?
“Él había estado en Cuba antes de ser famoso porque trabajó en nueva York con Eliseo Grenet y este le embulló a que conociera la Isla. Por esa razón, al terminar cada función, frecuentaba aquellos lugares de la primera vez; bares, cabarets, pequeños restaurantes, pero siempre bien tarde en la noche para no ser reconocido y gozar de cierta intimidad.”
—Dijo usted que luego del incidente con su hermano nunca más se hospedó en el Hotel Nacional. ¿Superticioso?
“¡Uf! Antes de salir a escena meditaba mucho en su camerino y luego se persignaba. Llevaba siempre consigo una bolsita de medallas donde convivían la imagen de la Virgen del Carmen, la de la Caridad, la de Guadalupe… y jamás la soltaba.
“Recuerdo una vez en que la dejó olvidada yéndose a España. Me telefoneó de inmediato y pidió: Corrales, búscala debajo de la tierra y envíamela urgente que sin ella no puedo cantar. Corrí entonces a la carpeta del hotel Sevilla y allí estaba en un pantalón olvidado. Fui entonces al aeropuerto y se la di a un capitán de una aeronave que volaba a Madrid. Para el hombre fue un honor llevar el encargo y me imagino de Jorge debió recompensarle muy bien porque era un hombre muy generoso. Luego volvió a llamar y me dijo: Corrales, ¡ya estoy entero! ¡Tengo en mis manos la bolsa!
—Además de su criado dice usted haber sido su amigo. ¿Hubo alguna vez momentos tensos? ¿De discusión?
“Nuestra relación era muy profunda. Tanto que, en ocasiones, me pedía consejos y al legar al camerino siempre me entregaba, en un pañuelo envueltas, sus joyas y su billetera que yo guardaba hasta finalizar la función.
“Pero una noche, al yo entregarle sus pertenencias, me dice: Aquí falta el anillo de brillante. Se me unió el cielo con la tierra como se dice. Ahí está lo que usted me dio, le respondí. Y Jorge volvió a acusarme: ¿Dónde lo metiste? Rojo como la grana, acusado de ladrón, le riposté: Yo no tengo necesidad de eso. ¿Por qué había de hacerlo ahora? Y se entabló una discusión muy fea.
“Villegas, que estaba presente y sabía de sus despistes, corrió al hotel y lo encontró en el lavabo de su habitación. Se lo entregó y Jorge, lleno de vergüenza, me abrazó. Ese incidente nos hizo más amigos y nunca más desconfió de mí.”
—¿Y nunca le propuso irse con él?
“¡Bah! ¡Montón de veces! Quería que le acompañara en todas sus presentaciones. Tal vez yo era su otro amuleto. Quiso llevarme a vivir a España, a México para que yo estudiara. Pero yo era menor de edad, tenía solo 16 años, y mi madre se negó.”
—¿Y no existe ninguna foto de usted con él?
“En aquel tiempo yo ni soñaba con ser fotógrafo. Mi trabajo era en la oscuridad del camerino, entre bambalinas. ¡Si llego a tener conciencia de su valor claro que me retrato!”
—Entonces tengo que creerle a usted por lo que me cuenta, le pregunté socarrón y achicando los ojos me quiso fulminar con su mirada.
Sábado, 31 de Diciembre de 2005 02:36 Autor: cubamango. ;?> No hay comentarios. Comentar.

ADRIANA, LA NOVIA QUE ESPERA

20051231141134-adriana-1.jpgMi amado es para mí un manojito de mirra,
Que reposa entre mis pechos.”
Cantares 1:13
ADRIANA no es uno de esos trágicos personajes de Lorca que pierde la vista en el camino, bajo la luna cómplice, sin la esperanza del regreso de su amado.
Adriana Pérez O’Connor es la mujer de Gerardo Hernández, uno de los cinco cubanos presos, de manera injusta, en cárceles norteamericanas por haber querido ser, desde las sombras, vigía contra quienes pretenden, desde allá, ahogar nuestras palmas.
Adriana, como la gacela, sueña el salto al reencuentro con su amor con misma pasión  de la amada de los Cantares. Porque, por boca del propio Rabindranath Tagore, ella, desde lo más profundo de su corazón, también afirma: “Amor, cuando vienes trayendo en la mano la encendida antorcha del dolor, puedo verte el rostro y comprendo que eres la felicidad.”
La tarde en que conversamos no era Adriana una muñeca rota, sino el azahar que, asomado a la ventana, goza la premonición divina del toque de un rayo de sol.
“Gerardo no lo sabe, pero yo me he encerrado por horas en el baño para acercarme a su agonía. He querido imaginar esos siete años de cárcel después que uno conoce que han estado confinados a esas celdas de castigo —dice, mientras María Teresa Vera le sitia la mirada y canta desde su alma herida “La luz que en tus ojos arde…”
“Uno ve las películas. Uno lee libros, pero eso no es ni remotamente un acercamiento a su realidad. He intentado hacerlo no para probar la voluntad de esos héroes, sino su capacidad humana…”
—A sabiendas de que en el momento que lo desees puedes abrir la puerta del baño y salir.
“Exacto. Y es ahí donde entra a jugar el factor sicológico. Se trata solo de una aproximación, pero, en verdad, nunca llegas a saber la magnitud del hecho. Ese es uno de los grandes méritos de los cinco. En que no exteriorizan nunca una queja. Para ellos la clave es poner mente y corazón en función de que van a ser liberados, que solo es una situación transitoria y hay que aprender a convivir con los mínimos daños de la soledad, la celda de castigo, las elementales ausencias de la separación, de ver crecer los hijos sin estar presentes o, como en el caso de Gerardo y yo y de Fernando y Rosa Aurora, de no poder tenerlos. Muchas personas, de manera solidaria, se acercan abrazarme y tratan de comprender mi pena, pero no saben, realmente, lo que es estar sola y acostarte sin él. Imaginarlo es algo bien diferente a vivirlo en carne propia.”
—Entonces, ¿a qué ángeles queda prendida Adriana cada noche, al cerrar su puerta sobre el precipicio de la soledad?
“A la imagen de Gerardo. Al sueño de tenerlo conmigo y al futuro que preparamos todos los días. Con esa añoranza, con ese deseo, con esa voluntad me salvo. Sobre todo con el amor que seguimos transmitiéndonos y se sigue guardando, como el vino que se añeja, para el momento exacto en que podamos beberlo juntos, con toda intensidad.
“Aunque no hay comunicación física tenemos una interacción increíble. Cada uno sabe lo que el otro está pensando. Nuestras cartas se cruzan con respuestas aún cuando no hayan llegado antes las preguntas. Y el secreto de esta empatía está en la manera con que hemos construido estos 19 años de una relación basada en el más absoluto respeto, en las veces en que uno cede frente al deseo del otro, no por imposición sino por el gusto de complacer, respetando siempre la identidad de cada cual.
“Yo digo que él es mucho más cariñoso que yo. Me expresa el amor con gestos, con caricias, con mimos. Yo lo hago con un detalle, una mesa bien servida o una toalla con olor a hervidura. Son diferentes formas de entregarnos. Pero siempre le doy gracias por ser el jardinero perfecto de mi jardín. Mi única misión es devolverle su propio abono, enriquecido cada día con toda mi fortaleza y toda mi fidelidad.
“Gerardo me dice a cada rato: Mi amor, qué tú has hecho para que yo me rinda a tus pies. Y siempre le respondo: Lo mismo que hiciste tú para rendirme a los tuyos.”
—¿Es de cartón esa sonrisa que sostienes, todo el tiempo, ante las cámaras y los fotógrafos?
“Es el resultado de algo más profundo. Es el resultado del derecho a reir, a seguir viviendo; del derecho a mantener el optimismo frente a quienes, desde la otra orilla, quieren humillarte. Sonrío porque a Gerardo le fascina mi sonrisa y yo la disfruto. No hay necesidad de expresar a toda hora el dolor que llevas dentro. Hay penas íntimas que yo me doy el derecho, todavía, a seguir guardando aunque haya que abrir su corazón en esta campaña por traerlos de nuevo a la Patria. Se puede llorar en público o a solas, pero no puedes permitir que nadie te arranque la esperanza.”
—Eres una mujer hermosa e inteligente. ¿No te ha confesado Gerardo si en algún momento ha temido perderte en esta carrera contra el tiempo?
“Gerardo vive seguro de mi amor y de mi fidelidad. Siempre hemos dicho que nuestra relación no es un pacto de compromiso, de lealtad obligada, incluso ni político. Es, sencillamente, un pacto de amor y si algún día fallara, estoy convencida de que seguiríamos amándonos en silencio aunque tuviéramos, cada uno, que tomar caminos diferentes. Pero te aseguro eso no va a suceder y nunca hemos pensado esa posibilidad. Al contrario, cuando todos los días planificamos el futuro es porque  existen bases sólidas que nada ni nadie podrán destruir.
“Yo vivo enamorada, como nunca, del hombre que amo, del hombre que elegí, del que ha madurado mucho más desde el punto de vista humano, sicológico y profesional. Pero, sobre todo, político. Y es que juntos hemos construido valores nuevos y sostenemos aquellos que aprendimos de nuestra sociedad. Lo que hoy hago por la liberación de Gerardo y sus compañeros haya su mejor raíz en ese amor que nos juramos un día y que no va a claudicar.”
—Adriana, ¿domada por la soledad?
“Resulta paradójico. Son pocos los momentos en que me he sentido sola. Yo no te puedo decir, exactamente, que he estado sola. Para mí Gerardo está presente en todo. Y cuando me preguntan digo que está lejos, pero no ausente. Él me ha enseñado a vivir cada día como si fuera el último.
“Y es cierta su presencia diaria a través de una carta, una postal, una llamada telefónica, un detalle en la casa. Hay lugares a los cuales yo he prometido no volver si no es con él, porque en ellos vivimos momentos muy lindos o experiencias únicas o, así de simple, porque forman parte de nuestra vida natural de aquellos años y de aquella época y, por lo tanto, nos pertenecen a los dos.
“Pero te mentiría si no te digo que es como un agujero eso de no sentir su pecho contra mi espalda en las noches, de no poder compartir un libro o una película, incluso de discrepar en algún tema o hablar de algo tan simple y trivial como escoger la ropa que nos vamos a poner al otro día. Sabes que preparas una comida que él no va a disfrutar y te preguntas para qué cocinar, o preparas el flan que sabes que tanto le gusta y eso no es fácil…”
—Incluso, creo yo, que debe sofocarte cierto desgano a la hora de vestirte…
“Eso me ha pasado muchísimo. Sobre todo cuando, como decimos, el gorrión se te posa en el hombro. Y a veces es más fácil acostumbrarnos a él que espantarlo. Te levantas y te dices: Me queda un día completo por enfrentar y cómo lo voy a hacer. Pero hasta para estas situaciones Gerardo me ha dado estrategias: Párate frente al espejo. Date un par de galletas. Sonríe. Arréglate como si fueras a encontrarte conmigo y siéntete alegre. Son los momentos en que necesitas más de los amigos y, por suerte, los tienes a mano.
“Hace poco me envió una postal preciosa, hecha por él, llena de muchos corazones, muchos colores y muchos mensajitos escritos de su puño. Me llamó y me dijo que  era su amuleto de la suerte, de la alegría y del amor. Y yo lo creo así porque a veces, cuando me deprimo, ese pedazo de cartón me saca, otra vez, a la superficie. En nuestras llamadas yo nunca le digo que lo extraño porque entonces me echo a llorar…”
—Hablemos de algo más alegre. En su libro El amor y el humor todo lo pueden, Gerardo te llama “mi bonsái”. ¿Esa expresión de cariño ha sido parto de la lejanía?
“Esa expresión data de los años ’90. Él conoce la técnica de esos árboles milenarios en Angola y luego hasta hace uno. Un amigo suyo, casi un hermano que murió en un accidente en México, le dijo a Gerardo que yo era su bonsái y así quedó; aunque, según me afirma, soy muchas cosas para él. A veces me dice: ¿Cómo llamarte? ¿Mi Reina? ¿Mi Princesa? Pero no tienes corona ni sangre real. Tampoco mi niña porque no eres una niña. Ni mi esposa porque afirmas que no se cumplen, en nuestro caso, los parámetros lógicos de una unión… Entonces me río como a él le gusta y a veces hasta me canta canciones por teléfono, parodias para alegrarme la vida, y acaba por decirme: No hay otra definición. ¡Tú eres mi novia eterna!”
—¿Alguna canción en especial que te lo recuerde?
“Soy muy mala recordando letras. Durante el tiempo en que no se sabía de los héroes y no había comunicación, ni cartas, ni nada, una canción de Marco Antonio Solís me hacía un mar de lágrimas. Pero, en especial, están Te extraño, cantada por Luis Miguel, o Novia mía, de Manzanero. Cuando la vida era normal yo perseguía los conciertos de Pablo y Silvio, pero después no pude escuchar más sus canciones porque me lo recordaban y me hacían daño. Hoy he podido volver a sus presentaciones. Es un gustazo que me doy, por mí y por Gerardo, pero siempre acabo llorando.
“En el momento del amañado juicio en Miami, desde la propia sala del juzgado, él me escribe un fragmento de Yolanda, de Pablo. La canción Amada, de Silvio, me la dedica escribiendo su letra sobre un pedazo de cartón que dejó colgado en mi ventana, la primera vez que se fue a cumplir su misión, pidiéndome que la guardara y allí está desde entonces. Después, mientras están en el Centro de Detención de Crome esperando el proceso judicial, se la canta al resto y, a partir de entonces, se convierte en el himno de los héroes y de nosotras, sus esposas.”
—Una pregunta difícil, pero necesaria. ¿Han soñado el hijo que les arranca, por el momento, la decisión de una condena que se ha comprobado ilegal e injusta dentro de las leyes del poder judicial?
“Jaraneamos muchísimo con eso, pero preferimos dejarlo a la realización de ese sueño postergado porque tenemos los pies bien puestos en la tierra. No sabemos el tiempo que esta situación se pueda dilatar todavía y lo hemos dicho; si no podemos tener el hijo amado nuestra relación no va a cambiar porque nos pertenecemos el uno al otro de manera absoluta. Él dice que yo soy su niñita y él mi niño.
“Creo que aunque tuviésemos una docena de hijos no podría vivir sin ser mimada y consentida por él, como tampoco él por mi. Yo disfrutaba mucho cuando me cargaba y me mecía en un sillón. Una vez llegó a la casa con un bombón aplastado en el bolsillo, que se lo habían dado en una actividad y me lo había guardado. ..Son muchos los pequeños detalles que, como dice la canción, han hecho grande y profundo este amor.”
—¿Cómo imaginas el abrazo íntimo que se darán, más temprano que tarde, cuando regrese libre a casa?
“Todas las noches me desvelo. Duermo muy mal. No logro conciliar el sueño y me pongo a pensar en eso. En la forma en que dormíamos los dos. Él con sus piernas largas y yo, un recortico de mujer como soy a su lado. A veces le empujaba hasta casi tumbarlo de la cama. Otras me abrazaba tan fuertemente que casi me quitaba el aire. Teníamos que usar dos ventiladores porque el que me daba a mí en la cara le llegaba solo al pecho. ¡Ah, y sábanas independientes porque si no uno de los dos siempre quedaba descubierto! Nos pasábamos la noche protegiéndonos.
“Yo extraño todo eso. Cuando me despierto me falta su abrazo y es doble la noche. Sueño que lo tengo en mis brazos y a Gerardo le pasa lo mismo. Dice que su sueño de cárcel también es poder volver a despertarse dándome un beso y confiesa: Me arrepiento de las veces en que me dormí primero y no te pude contemplar totalmente. Y esas son las profundas heridas que sientes, cuando abres o cierras los ojos, esperando siempre su regreso.”
Sábado, 31 de Diciembre de 2005 14:11 Autor: cubamango. ;?> No hay comentarios. Comentar.

LA SEGUNDA AVERÍA

    Esta vez Exupéry no cayó en el Sahara. Manthattan, siendo una isla, le pareció más desierto. Sus taxis amarillos eran balas trazadoras haciéndole rallas a la noche. Sus habitantes, fantasmas. Broadway el delirio de la fiebre. Se sentía terriblemente solo. Al amanecer, tendido sobre aquel duro banco del metro, sintió una vocecita que volvía a decirle: —Por favor…¡dibújame una oveja!

 

Sábado, 31 de Diciembre de 2005 14:32 Autor: cubamango. No hay comentarios. Comentar.


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