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ARROZ CON MANGO

ADRIANA, LA NOVIA QUE ESPERA

ADRIANA, LA NOVIA QUE ESPERA Mi amado es para mí un manojito de mirra,
Que reposa entre mis pechos.”
Cantares 1:13
ADRIANA no es uno de esos trágicos personajes de Lorca que pierde la vista en el camino, bajo la luna cómplice, sin la esperanza del regreso de su amado.
Adriana Pérez O’Connor es la mujer de Gerardo Hernández, uno de los cinco cubanos presos, de manera injusta, en cárceles norteamericanas por haber querido ser, desde las sombras, vigía contra quienes pretenden, desde allá, ahogar nuestras palmas.
Adriana, como la gacela, sueña el salto al reencuentro con su amor con misma pasión  de la amada de los Cantares. Porque, por boca del propio Rabindranath Tagore, ella, desde lo más profundo de su corazón, también afirma: “Amor, cuando vienes trayendo en la mano la encendida antorcha del dolor, puedo verte el rostro y comprendo que eres la felicidad.”
La tarde en que conversamos no era Adriana una muñeca rota, sino el azahar que, asomado a la ventana, goza la premonición divina del toque de un rayo de sol.
“Gerardo no lo sabe, pero yo me he encerrado por horas en el baño para acercarme a su agonía. He querido imaginar esos siete años de cárcel después que uno conoce que han estado confinados a esas celdas de castigo —dice, mientras María Teresa Vera le sitia la mirada y canta desde su alma herida “La luz que en tus ojos arde…”
“Uno ve las películas. Uno lee libros, pero eso no es ni remotamente un acercamiento a su realidad. He intentado hacerlo no para probar la voluntad de esos héroes, sino su capacidad humana…”
—A sabiendas de que en el momento que lo desees puedes abrir la puerta del baño y salir.
“Exacto. Y es ahí donde entra a jugar el factor sicológico. Se trata solo de una aproximación, pero, en verdad, nunca llegas a saber la magnitud del hecho. Ese es uno de los grandes méritos de los cinco. En que no exteriorizan nunca una queja. Para ellos la clave es poner mente y corazón en función de que van a ser liberados, que solo es una situación transitoria y hay que aprender a convivir con los mínimos daños de la soledad, la celda de castigo, las elementales ausencias de la separación, de ver crecer los hijos sin estar presentes o, como en el caso de Gerardo y yo y de Fernando y Rosa Aurora, de no poder tenerlos. Muchas personas, de manera solidaria, se acercan abrazarme y tratan de comprender mi pena, pero no saben, realmente, lo que es estar sola y acostarte sin él. Imaginarlo es algo bien diferente a vivirlo en carne propia.”
—Entonces, ¿a qué ángeles queda prendida Adriana cada noche, al cerrar su puerta sobre el precipicio de la soledad?
“A la imagen de Gerardo. Al sueño de tenerlo conmigo y al futuro que preparamos todos los días. Con esa añoranza, con ese deseo, con esa voluntad me salvo. Sobre todo con el amor que seguimos transmitiéndonos y se sigue guardando, como el vino que se añeja, para el momento exacto en que podamos beberlo juntos, con toda intensidad.
“Aunque no hay comunicación física tenemos una interacción increíble. Cada uno sabe lo que el otro está pensando. Nuestras cartas se cruzan con respuestas aún cuando no hayan llegado antes las preguntas. Y el secreto de esta empatía está en la manera con que hemos construido estos 19 años de una relación basada en el más absoluto respeto, en las veces en que uno cede frente al deseo del otro, no por imposición sino por el gusto de complacer, respetando siempre la identidad de cada cual.
“Yo digo que él es mucho más cariñoso que yo. Me expresa el amor con gestos, con caricias, con mimos. Yo lo hago con un detalle, una mesa bien servida o una toalla con olor a hervidura. Son diferentes formas de entregarnos. Pero siempre le doy gracias por ser el jardinero perfecto de mi jardín. Mi única misión es devolverle su propio abono, enriquecido cada día con toda mi fortaleza y toda mi fidelidad.
“Gerardo me dice a cada rato: Mi amor, qué tú has hecho para que yo me rinda a tus pies. Y siempre le respondo: Lo mismo que hiciste tú para rendirme a los tuyos.”
—¿Es de cartón esa sonrisa que sostienes, todo el tiempo, ante las cámaras y los fotógrafos?
“Es el resultado de algo más profundo. Es el resultado del derecho a reir, a seguir viviendo; del derecho a mantener el optimismo frente a quienes, desde la otra orilla, quieren humillarte. Sonrío porque a Gerardo le fascina mi sonrisa y yo la disfruto. No hay necesidad de expresar a toda hora el dolor que llevas dentro. Hay penas íntimas que yo me doy el derecho, todavía, a seguir guardando aunque haya que abrir su corazón en esta campaña por traerlos de nuevo a la Patria. Se puede llorar en público o a solas, pero no puedes permitir que nadie te arranque la esperanza.”
—Eres una mujer hermosa e inteligente. ¿No te ha confesado Gerardo si en algún momento ha temido perderte en esta carrera contra el tiempo?
“Gerardo vive seguro de mi amor y de mi fidelidad. Siempre hemos dicho que nuestra relación no es un pacto de compromiso, de lealtad obligada, incluso ni político. Es, sencillamente, un pacto de amor y si algún día fallara, estoy convencida de que seguiríamos amándonos en silencio aunque tuviéramos, cada uno, que tomar caminos diferentes. Pero te aseguro eso no va a suceder y nunca hemos pensado esa posibilidad. Al contrario, cuando todos los días planificamos el futuro es porque  existen bases sólidas que nada ni nadie podrán destruir.
“Yo vivo enamorada, como nunca, del hombre que amo, del hombre que elegí, del que ha madurado mucho más desde el punto de vista humano, sicológico y profesional. Pero, sobre todo, político. Y es que juntos hemos construido valores nuevos y sostenemos aquellos que aprendimos de nuestra sociedad. Lo que hoy hago por la liberación de Gerardo y sus compañeros haya su mejor raíz en ese amor que nos juramos un día y que no va a claudicar.”
—Adriana, ¿domada por la soledad?
“Resulta paradójico. Son pocos los momentos en que me he sentido sola. Yo no te puedo decir, exactamente, que he estado sola. Para mí Gerardo está presente en todo. Y cuando me preguntan digo que está lejos, pero no ausente. Él me ha enseñado a vivir cada día como si fuera el último.
“Y es cierta su presencia diaria a través de una carta, una postal, una llamada telefónica, un detalle en la casa. Hay lugares a los cuales yo he prometido no volver si no es con él, porque en ellos vivimos momentos muy lindos o experiencias únicas o, así de simple, porque forman parte de nuestra vida natural de aquellos años y de aquella época y, por lo tanto, nos pertenecen a los dos.
“Pero te mentiría si no te digo que es como un agujero eso de no sentir su pecho contra mi espalda en las noches, de no poder compartir un libro o una película, incluso de discrepar en algún tema o hablar de algo tan simple y trivial como escoger la ropa que nos vamos a poner al otro día. Sabes que preparas una comida que él no va a disfrutar y te preguntas para qué cocinar, o preparas el flan que sabes que tanto le gusta y eso no es fácil…”
—Incluso, creo yo, que debe sofocarte cierto desgano a la hora de vestirte…
“Eso me ha pasado muchísimo. Sobre todo cuando, como decimos, el gorrión se te posa en el hombro. Y a veces es más fácil acostumbrarnos a él que espantarlo. Te levantas y te dices: Me queda un día completo por enfrentar y cómo lo voy a hacer. Pero hasta para estas situaciones Gerardo me ha dado estrategias: Párate frente al espejo. Date un par de galletas. Sonríe. Arréglate como si fueras a encontrarte conmigo y siéntete alegre. Son los momentos en que necesitas más de los amigos y, por suerte, los tienes a mano.
“Hace poco me envió una postal preciosa, hecha por él, llena de muchos corazones, muchos colores y muchos mensajitos escritos de su puño. Me llamó y me dijo que  era su amuleto de la suerte, de la alegría y del amor. Y yo lo creo así porque a veces, cuando me deprimo, ese pedazo de cartón me saca, otra vez, a la superficie. En nuestras llamadas yo nunca le digo que lo extraño porque entonces me echo a llorar…”
—Hablemos de algo más alegre. En su libro El amor y el humor todo lo pueden, Gerardo te llama “mi bonsái”. ¿Esa expresión de cariño ha sido parto de la lejanía?
“Esa expresión data de los años ’90. Él conoce la técnica de esos árboles milenarios en Angola y luego hasta hace uno. Un amigo suyo, casi un hermano que murió en un accidente en México, le dijo a Gerardo que yo era su bonsái y así quedó; aunque, según me afirma, soy muchas cosas para él. A veces me dice: ¿Cómo llamarte? ¿Mi Reina? ¿Mi Princesa? Pero no tienes corona ni sangre real. Tampoco mi niña porque no eres una niña. Ni mi esposa porque afirmas que no se cumplen, en nuestro caso, los parámetros lógicos de una unión… Entonces me río como a él le gusta y a veces hasta me canta canciones por teléfono, parodias para alegrarme la vida, y acaba por decirme: No hay otra definición. ¡Tú eres mi novia eterna!”
—¿Alguna canción en especial que te lo recuerde?
“Soy muy mala recordando letras. Durante el tiempo en que no se sabía de los héroes y no había comunicación, ni cartas, ni nada, una canción de Marco Antonio Solís me hacía un mar de lágrimas. Pero, en especial, están Te extraño, cantada por Luis Miguel, o Novia mía, de Manzanero. Cuando la vida era normal yo perseguía los conciertos de Pablo y Silvio, pero después no pude escuchar más sus canciones porque me lo recordaban y me hacían daño. Hoy he podido volver a sus presentaciones. Es un gustazo que me doy, por mí y por Gerardo, pero siempre acabo llorando.
“En el momento del amañado juicio en Miami, desde la propia sala del juzgado, él me escribe un fragmento de Yolanda, de Pablo. La canción Amada, de Silvio, me la dedica escribiendo su letra sobre un pedazo de cartón que dejó colgado en mi ventana, la primera vez que se fue a cumplir su misión, pidiéndome que la guardara y allí está desde entonces. Después, mientras están en el Centro de Detención de Crome esperando el proceso judicial, se la canta al resto y, a partir de entonces, se convierte en el himno de los héroes y de nosotras, sus esposas.”
—Una pregunta difícil, pero necesaria. ¿Han soñado el hijo que les arranca, por el momento, la decisión de una condena que se ha comprobado ilegal e injusta dentro de las leyes del poder judicial?
“Jaraneamos muchísimo con eso, pero preferimos dejarlo a la realización de ese sueño postergado porque tenemos los pies bien puestos en la tierra. No sabemos el tiempo que esta situación se pueda dilatar todavía y lo hemos dicho; si no podemos tener el hijo amado nuestra relación no va a cambiar porque nos pertenecemos el uno al otro de manera absoluta. Él dice que yo soy su niñita y él mi niño.
“Creo que aunque tuviésemos una docena de hijos no podría vivir sin ser mimada y consentida por él, como tampoco él por mi. Yo disfrutaba mucho cuando me cargaba y me mecía en un sillón. Una vez llegó a la casa con un bombón aplastado en el bolsillo, que se lo habían dado en una actividad y me lo había guardado. ..Son muchos los pequeños detalles que, como dice la canción, han hecho grande y profundo este amor.”
—¿Cómo imaginas el abrazo íntimo que se darán, más temprano que tarde, cuando regrese libre a casa?
“Todas las noches me desvelo. Duermo muy mal. No logro conciliar el sueño y me pongo a pensar en eso. En la forma en que dormíamos los dos. Él con sus piernas largas y yo, un recortico de mujer como soy a su lado. A veces le empujaba hasta casi tumbarlo de la cama. Otras me abrazaba tan fuertemente que casi me quitaba el aire. Teníamos que usar dos ventiladores porque el que me daba a mí en la cara le llegaba solo al pecho. ¡Ah, y sábanas independientes porque si no uno de los dos siempre quedaba descubierto! Nos pasábamos la noche protegiéndonos.
“Yo extraño todo eso. Cuando me despierto me falta su abrazo y es doble la noche. Sueño que lo tengo en mis brazos y a Gerardo le pasa lo mismo. Dice que su sueño de cárcel también es poder volver a despertarse dándome un beso y confiesa: Me arrepiento de las veces en que me dormí primero y no te pude contemplar totalmente. Y esas son las profundas heridas que sientes, cuando abres o cierras los ojos, esperando siempre su regreso.”
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