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ARROZ CON MANGO

BUSCANDO DESESPERADAMENTE A MICAELA

BUSCANDO DESESPERADAMENTE A MICAELA QUIEN no haya visto en su vida bajar a la Conga de los Hoyos con su proverbial ¡Abre, que ahí viene El Cocuyé!, no puede imaginar, ni remotamente, la tragedia de Micaela, el personaje de la pieza musical que ha llevado a Sur Caribe, en estos últimos meses, al podio más alto de la popularidad.
Ese río humano que, a la sombra del lastimero aullido del cornetín chino y el caliente requinto, como fusión de culturas, va creciendo de manera interminable calle abajo entre sudor y júbilo; muestra de la identidad de un pueblo que se besa a sí mismo a través de tan descollante ritmo.
En medio del reguetón o el hip hop de turnos, un género tan olvidado en los grandes medios se adueña de ellos para decirnos que los tesoros del alma están ahí y solo hay que desenterrarlos, una y otra vez.
Pero, ¿quién pudo ser esa Micaela? Sin dudas, una de esas santiagueras que, a veces hasta con su hijo de meses a horquetadas sobre el cuello, arrollaba, kilómetros y kilómetros, bajo una fiebre heredada de un cabildo de origen franco-haitiano que se asentó en esa zona, en la segunda mitad del siglo XIX, y que se mantiene vivo en el ritmo gracias al amor a las tradiciones.
Arrastrados también nosotros por esa contagiosa fiebre sonora, nos olvidamos, muchas veces, de algo esencial; la historia que nos cuenta Ricardo Leyva en su arrollador ritmo. Con lenguaje sencillo y directo alude a muje de nombre tan humilde que, lejos de los suyos, “solo vive llorando, sufriendo y pensando en su vino/ que no es vino, señor/ ni aguardiente, señor/ es la conga… santiaguera…”
Por descontado damos que se trata de una negra, modesta y ardiente como los hijos de esa tierra cubana, la cual, por esos “odiseos” aires de falacias políticas, se fue tras el espejismo de una mejor danza que, casi siempre, acaba en lágrimas para quienes llegan a Norteamérica con un color de piel diferente o un origen humilde que les hace prohibitivo insertarse en la sociedad de la Coca Cola.
Nostalgias por la conga no resulta solo una paletada de color más al conflicto de la emigración cubana. Es el óxido puesto en metal más profundo, el que no depende de un carro o una marca de ropa, sino de la fragua apagada que es el alma cuando nos falta lumbre propia con qué calentarnos.
Según Salim Lamrani, en un artículo publicado en el medio digital alternativo Rebelión, el caso de la inmigración cubana se manipula constantemente en la llamada guerra mediática contra Cuba. Se esconde así que se trata de un fenómeno viejo, el cual se remonta al 1820, y en el que, antes de 1959, la Isla emitía más emigrantes hacia los Estados Unidos que toda América Central y del Sur juntas, más que el África y Oceanía unidas, superando a gigantes demográficos como China, India, Irán, Turquía e Indonesia. Aspecto este que con la actual política de pies secos, pies mojados, se utiliza como arma política de descrédito contra el gobierno cubano.
Pero apartándonos de estadísticas y evidencias, la tragedia de Micaela no tiene solución en tanto no alude a algo estrictamente material, sino apunta a la pérdida del espíritu de pertenencia, de formar parte de una comunidad que le sustente las ganas de vivir y de ser ella.
Resulta sumamente interesante, en esa nostálgica conga donde las trompetas y los violines incorporados al toque tradicional aportan un ambiente de tragedia irreparable, la presencia de una pérdida raigal en una frase que, a mi juicio, es el corazón de esa historia: “Llora con nosotros”.
La canción no dice te condenamos por haber equivocado el camino, o nos decepcionaste. Como valor esencial de una raza oprimida a todo lo largo de su historia, el llamado que hace la voz del solista encierra un dolor común por pérdida de un miembro de la comunidad que les identifica.
Aquí la patria no es el escudo, la palma el Himno o la Bandera. Aquí es la conga. Esa Conga de los Hoyos en la que, seguramente Micaela dejó sus mejores amigos, su mejor sudor y hasta, quizás, su único par de chancletas.
¿Podrá sobrevivir ella a la sustitución del buche de sambumbia por el american coffe? ¿Logrará el Wisky sepultar, definitivamente, ese otro trago ardiente, a veces con nombre indefinido y sabor a rayo, pero que lo enciende todo por dentro convirtiendo los pies de una conguera consumada en dos locomotoras?
El valor de esa expresión resume el dolor que les une. A ella por haberse extraviado. A ellos por haberla perdido. Quizás era Micaela la que más avivaba la conga con sus voluptuosas caderas o la que más sonreía al paso por la calle Enramada. Tal vez aún está latente la esperanza de la conga por salvarla antes de que, materialmente, se cumpla el vaticinio que hace la canción: “Dicen que se muere,/ que ella quiere lo que no tiene/ que es arrollar…”
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1 comentario

Julio -

- Me toco conocer dicha canción en la discoteque Chevere en la Habana durante el mes de Abril y me impresiono como todos y todas saltaron de las mesas tras un inteso mix de reggaeton ...y cantaban dicha cancion a voz en cuello, yo como chileno jamas habia escuchado la conga, le pregunte a la amiga con la que fui Yunislady -o algo asi se escribe- que era eso y me respondio con una mirada penetrante que era Cuba.
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